Hogar Dulce Hogar

El otro día me puse a pensar,
en las sutilezas que envuelven ciertas palabras.

Por ejemplo, el diccionario define a la palabra
Casa como “Edificio o parte de él para vivir”
y a la palabra Hogar como “Vida de Familia”
pero no indica cuán grande la familia,
o quienes la componen.
No dice si es en una casa,
o un departamento.
No se refiere a metros cuadrados,
ni a cuántos ambientes,
y ni siquiera aclara si es propia o alquilada.

Por que la palabra Hogar
va mucho más allá de los ladrillos
o los azulejos o los colores
con los que pintamos las paredes…
No tiene nada que ver si es
“de época” o “a estrenar”.
El hogar es el lugar donde “anidamos”
donde colgamos el corazón en el perchero
cuando volvemos de trabajar,
donde sabemos que amamos y somos amados,
donde siempre,
no importa el día o la hora,
hay una luz prendida
y alguien esperando nuestra llegada.

Por éso decimos “Hogar Dulce Hogar”…
y no “Casa Dulce Casa”.
Por que la casa puede estar aquí hoy y allá mañana,
puede cambiar de color,
de estilo,
de tamaño….

Pero el Hogar…
El Hogar
es un sentimiento innato, incorporado, una necesidad humana.
Algo que tuvimos de chicos y queremos reproducir de grandes
o algo que nos faltó alguna vez
y sequimos buscando desesperadamente.
El Hogar es lo que necesita dedicación diaria y verdadera,
sin depender del mercado inmobiliario
o de la oferta y la demanda.

Es el lugar donde el Título de Propiedad
es basado en sueños y promesas
y firmado con confianza en el futuro y total devoción.

Es el lugar donde
la alegría y el amor son los mejores accesorios,
la comunicación el mejor estilo
y el corazón el mejor decorador…

“Se necesitan manos para construir una Casa,
pero solo el corazón puede construir un Hogar”
Autor Anónimo