Todo un desafío!


“Si a vos te sirve ésto,
yo dejo de llamarme Julián”,
me dijo mi primo cuando se apareció en mi casa
con una mesa basureada en las callecitas de Buenos Aires.

La mesa tenía problemitas de altura:
una pata más corta que las otras pero
nada que no se pudiera arreglar en una pata-da!!
4 cortes y el problema solucionado.

Pero la entrada de hoy no es sobre la mesa
(ésa la dejo para otro día),
la entrada de hoy es sobre los pedacitos de patas que quedaron
una vez que igualé la altura de la mesa:

No se asusten!…
yo sé que se ven horribles

pero ténganme fé…no sean como mi primo Julián!

A cada pedazo de pata
le agregué un broche para la ropa
(Poxipol siempre firme cuando uno lo necesita!)

A éste punto,
reconozco que parecen elementos de tortura
pero estoy empecinada en cambiarle el nombre a mi primo…

Hay una fórmula que nunca me falla,
~cuando algo se ve feo, pintalo de blanco~


Pintada rápida y una lijadita…
Ahhhhhhhhhhhhhhh! mucho mejor!

(Ahora parecen elementos de tortura pintados de blanco)

pero cuando les agrego una estrellita de purpurina,
la cosa cambia…
de elemento de tortura
a elemento de amor…

No veo la hora de ver la cara
de mi primo Julián Pascual!

Yo sé que no todo el mundo tiene
un primo Julián Pascual
pero patas de muebles viejos son bastante fáciles de conseguir.
Son divinas para sostener fotos
o dejar mensajitos de amor,
organizar las facturas a vencer
o hasta para identificar diferentes platos en una mesa estilo buffet!
Y así empiezo mi semana,
tratando de ver posibilidades donde otros solo ven
mesas viejas con patas rotas y desiguales.

Me parece que ésta semana promete!

PD: a falta de estrellas:
caracoles de mar
botones grandes antiguos
una flor artificial
etc, etc, etc!!