Crónica de un reciclaje.

Todo empezó con una lata de pintura vacía,
de ésas que quedan dando vueltas por la casa
después de algún trabajito.
Una de ésas que tardan de
200 a 500 años para biodegradarse.
Una de las mil millones que usé durante
los últimos 15 años…
(de repente me siento extremadamente culpable
por el desaste ecológico)

Así nomás,
sin mucha ceremonia,
le doy una buena pintada con pintura en aerosol…

y acá me freno.
Tanto que ni fotos saco de la lata re-pintada!!!

Voy al Showroom,
me encuentro con Marce,
más tarde llega Gaby y charlamos…
entre otras cosas: cactus.
Que agua,
que no agua,
que crecen…siempre crecen!
Altos…
Te dan hijitos…
Y no se mueren facilmente!

Yo escucho y me entusiasmo.
De la misma manera como cuando veo los de Mónica.
Corro al kiosco, no cactus pero sí suculentas.

Y ahí sucede lo inesperado
pero siempre tan bien recibido:
la Sra Inspiración me golpea la puerta del cerebro
y me sugiere un uso para mi lata azul, hermosa.

Y una excusa para probar unos sellitos nuevos…

Y de repente me doy cuenta que si
hubiera reciclado solamente
el 1% de las latas que usé
en los últimos 15 años,
tendría suficientes latas bonitas
como para plantar el Jardín Botánico…

“Más vale tarde que nunca”,
dijo alguien alguna vez…

“Por algo se empieza”…dijo otro

Ahora solo tengo que decidir de qué color
pinto la próxima…

Y vos, qué planes tenés para las latas de pintura
que andan por ahí a tu alrededor?