Reciclando memorias


 Este trabajo mío de andar rodeada de “cosas viejas”
me permite de vez en cuando el inmenso placer de detenerme para poder admirar 
la dedicación, el tiempo y el amor con que muchas cosas se hacían años atrás.
 
 

Atributos todos, que en ésta era del apuro,
de la satisfacción inmediata
y del reemplazo absoluto en que vivimos
hemos ido lamentablemente perdiendo.
Mantelería y ropa de cama,
pañuelitos,
toallas,
carpetitas,
cortinas y ropa
eran antes decorados a mano,
por horas y días y semanas,
muchas veces a la luz de las velas
y sin embargo, el resultado, lleno de detalles impecables, 
sigue hoy en día
maravillando a muchas de nosotras…

Detalles todos que prefiero guardar, reciclar y disfrutar

por muy chiquitos que sean…

Por que aunque sea muy triste,
algún día todas éstas cosas hechas con una perfección admirable,
se perderán para siempre…
desaparecerán como arte de magia

y nos quedaremos con aquellas hechas a máquina a 1000 por minuto,

destinadas a sobrevivir solo unos pocos lavados…


…aquellas hechas con la intención de durar menos

que el perfume de la lavanda que usé para rellenar éstos sachets…



“Mi nieta me vino a visitar por un par de días y yo quise enseñarle a coser.
Después que le expliqué detalladamente cómo enhebrar la máquina,
dió un paso para atrás,
se puso las manos en la cadera, y me dijo:
Cómo podés hacer todo éso y no podés manejar mi IPod????”
Autor Anónimo