De como algunas cosas…


en el camino a ser lo que deberían ser
terminan siendo algo diferente…
Por que si bien
el aplique que me regaló Marce…
vintage,
blanco,
lleno de detalles alucinantes…

era perfecto para lo que ella me lo regaló:
tapar la marca de años hecha por un aplique de luz horripilante
que logré sacar cuando encontré ésta cosita colgante amorosa…

El problema fué que el regalo de Marce me gustó muchísimo
y no pude imaginarme dejárselo al dueño del departamento cuando me fuera…
(había que pegarlo al techo y el propietario no es de los que aprecian
apliques vintage divinos lleno de historia y detalles)
Así que una vez limpia la mugre de años y después de unas manitos de pintura al techo,
me dediqué a lo verdaderamente importante, o sea,
disfrutar de mi regalito.
El agujero del medio

lo cubrí casi totalmente con un detalle de metal…


y lo pinté de blanco…



y le saqué muchas fotos por que queda lindo en todos lados…


hasta que me dí cuenta que era la “bandeja” perfecta para mi copón de caracoles
y así fué que el plafón vintage divino me cambió el look de la mesa del comedor…

y me acercó un poquito más al verano que a pesar del frío que se siente en la calle,
yo prefiero pensar no está muy lejos…

Gracias Marce por el regalo,
no estará donde se supone que debería estar
pero estará siempre donde tiene que estar: conmigo!

“Solo estamos vivos en ésos momentos
cuando nuestro corazón es conciente de nuestros tesoros”
~Thornton Wilder~