Luz, cámara, color!

Unos cuantos litros de pintura,
una brocha gorda,
un rodillo
y un poco de valor nos permiten:
1- Copiar los tonos de la naturaleza
y permitir que nuestro hogar 
sea invadido por la tranquilidad del exterior:
Tonos de aqua y arena nos ayudan a que el verano sea perpetuo.

2- Disfrazar los ladrillos que ya nos cansaron.
Afuera con el terracota típico de los ladrillos
y las manchas de hollín!
Pintarlos del mismo color que la pared ayuda a disimularlos,
el blanco brillante en la madera lo hace super elegante.
3- Imitar detalles arquitectónicos agregando interés a nuestras paredes.
Dos tonos de verde separados por una simple moldura
simulan los revestimientos de madera usados en otras épocas.
4- Agregar color hasta a nuestros pisos y convertirlos
en parte fundamental de nuestra deco.
Frecuentemente olvidados, los pisos pueden ser ahora pintados
con pinturas para alto tráfico y convertirse así
en protagonistas.
5- La pintura nos permite experimentar con colores nuevos,
cambiando radicalmente el aspecto de cada tela y diseño usado
al momento de decorar.
El lila de éste ejemplo hace que el rojo de los accesorios brille aún más
 en ésta ambientación.
6- Agregarle luminosidad a cuartos aún cuando no tengan ventanas
Un color durazno pálido agrega luz permanente,
la presencia de espejos, la refleja y aumenta!

Si estás pensando cambiar el color de tus paredes,
podés experimentar primero con el
Simulador de Ambientes
propuesto por Pinturerías Rex:
probá,
cambiá,
consultale (o no) al resto de la familia
y animate al color…
pero siempre tené en cuenta que es adictivo!
Feliz y colorida semana!
Todas las fotos de hoy:
Country Living.