Europa y yo.

La primera vez que fui a Europa,
el viejo continente hizo lo que mejor sabe hacer:
me sorprendió,
me conmovió,
me envolvió sutilmente en el aura del pasado
y me arrojó vertiginosamente por el túnel del
EstoEsIncreíbleYQuieroVolver.

En ése momento también floreció en mi,
y no me da vergüenza decirlo,
un sentimiento inmenso de envidia.
Si, envidia.

Envidia por la arquitectura,
por la historia,
por las callecitas empedradas,
por los cafecitos siempre llenos de gente,
por las baguettes calentitas a cualquier hora del día,
por el café servido en pocillo…fuerte y aromático.

Los envidié por las abuelas que bailaban con los nietos
y los hijos que caminaban del brazo de las madres.
Les envidié las sobremesas.
Los domingos en la plaza.
Los abrazos fervorosos y los besos.
Ah! los besos!

Los envidié por todo aquello que yo había tenido alguna vez
y que no recordaba extrañar…
La envidia se transformó en añoranza.
La añoranza en búsqueda
y la búsqueda en un retorno a lo que había dejado atrás.
Si,
Europa caló hondo dentro mío en ése viaje
y sembró la semillita para mi vuelta a Argentina.

En éste viaje,
cuando nos volvimos a ver,
Europa seguía tan bella y señorial como siempre,
dispuesta a brindarnos lo mejor de ella.
Y yo la caminé,
la comí,
 y la tomé
como nunca antes.
En éste viaje,
la envidia no se hizo presente.
En éste viaje,
la envidia le hizo lugar a la admiración.
Admiración por la limpieza y
por el OrdenSemiDesorganizado
(hey, el orden total me volvería loca a éstas alturas de la vida!)
Con una sabiduría nacida de siglos de historia,
con el dolor de guerras pasadas,
la incertidumbre de las presentes
 y la fortaleza suficiente para resurgir,
Europa me susurró al oído el canto de la esperanza
y me hizo ver que nosotros también tenemos
la arquitectura,
 la historia,
(aunque más corta)
las callecitas empedradas,
 los cafecitos siempre llenos de gente,
 las baguettes calentitas a cualquier hora del día,
 el café servido en pocillo…fuerte y aromático.

Tenemos las abuelas y los nietos
los hijos y las madres.
Tenemos las sobremesas.
los domingos y las plazas.
Tenemos los abrazos fervorosos y besos que nos sobran…
…y nuestra gente no es tan diferente a la de ellos…
en la calle, cualquier calle,
podemos reconocer a nuestro tío, nuestra hermana o vecina…

Por suerte,
aunque nos cueste verlo,
tenemos también la capacidad del cambio
y la posibilidad de la organización.
Tenemos la oportunidad hoy mismo
de dejar de envidiar y  empezar a admirar.
Podemos aprender y por qué no copiar…?
si, en ésto, está permitido copiar.

Esta vez,
mi vuelta a casa no fué tan dura.
Disfruté muchísimo del viaje
y volví con exceso de esperanza, se nota?

Gracias Europa por ser tan sincera
y mostrarme algunas de las peleas que pelean diariamente.
Gracias por hacerme  pensar
(y convencerme!)
que nosotros también podemos…
Gracias por dejarme ver que no somos tan distintos,
que nuestras peleas son bastante parecidas
pero que nosotros tenemos que cambiar ciertas cosas
para parecernos aún más.

Mi viaje incluye muchos lugares y gente muy especial
a las que me voy a dedicar de a poco.
Las de hoy,
son las palabras que debía sacar del medio
para hacer lugar a todo lo demás.

“El mundo es como un libro y el que no viaja
lee solo una página”
~San Agustín~