El "traspaso"

En 1991 compré 2 adornitos nuevos para nuestro árbol de Navidad:
uno para mi hijo y otro para Edu y para mí.
En 1993, nació mi hija
y ése año compré 3.
Asi por años:
3 adornos,
 uno para cada uno de mis hijos y uno para nosotros.
24 años de adornitos.
24 años de tradición.
Mi árbol estuvo siempre  lleno de recuerdos
y el desenvolverlos cada año
fué  revivir un momento mágico una y otra vez.
Los elegí pensando en cada uno de ellos,
disfruté verlos brillar cada Navidad
pero siempre supe que algún día se irían a decorar
el árbol de mis hijos en sus propias casas.
 Ayer, 8 de Diciembre de 2015,
llegó el día que  siempre supe llegaría alguna vez,
llegó el día del “traspaso”
Envolví todos aquellos marcados con una “C” 
con mucho cuidado 
y me aseguré de ponerle una capa extra de nostalgia
que los mantuviera mulliditos y a salvo
hasta que llegaran a su nuevo hogar.
Ver a mi hija irse feliz con sus adornitos
me hizo pensar que las tradiciones que forjamos
y que cumplimos desde el amor 
son una buena manera de escribir nuestra propia historia
y que valen la pena ser celebradas. 
Voy a extrañar los adornitos de Camila:
las zapatillas de danza de porcelana marcadas
“My first Christmas”,
el angelito de tela con alitas en tela cuadrillé,
el reno con vestido rojo y el año 1995 escrito en el ruedo…
pero son de ella, 
siempre lo fueron.
Yo solo los guardé todos éstos años.

 Esta fué mi manera de regalarle muchas Navidades juntas,
muchos adornos navideños 
que cuentan todas las Nochebuenas que celebramos en familia
antes de que se convirtiera en toda una joven mujer.

Las Navidades familiares continuarán,
en mi casa o en la de ella,
y nos regalarán,
estoy segura,
más recuerdos
para envolver algún día con una capa extra de nostalgia…
por que como dicen por ahí,
lo mejor está por venir!