Oh la la Le Panier!

 Se dice que el placer de viajar se vive en tres momentos diferentes;

cuando se lo planea
cuando se lo vive
y
cuando se lo recuerda…
Yo estoy en este momento viviendo los tres momentos a la vez
pero  hoy solo puedo compartir con ustedes
el placer del recuerdo…

Marsella te diría yo,
no es la ciudad mas fácil del mundo para transitar en auto,
es mas, te diría que es casi imposible…
pero la anécdota de como un viaje de 45 minutos se convirtió
 en una pesadilla de 8 horas la dejo  para otro día,
por ahora, guardemos el auto en el garage y tomemos el subte
para llegar hasta el centro mismo de la ciudad
y mas precisamente al
Au Vieux Panier:
la ciudad vieja que habita dentro de los limites de la bella Marseille.

El esfuerzo de la subida vale la pena…

y para algunos,
hasta es divertida…
 Durante la Segunda Guerra Mundial, este barrio construido en forma de laberinto,
fue escondite para toda persona perseguida por los Nazis
quienes no duraron en destruir mucho de lo que encontraron a su paso.
Hoy en día, Le Panier, alberga artesanos,
artistas,
tiendas con productos regionales,
barcitos,
y un sinfín de oportunidades como para no darle a la cámara
ni un segundo de descanso…
Lavanda, Olivo, Rosas…
si sos turista no te podes ir sin tu jabón artesanal…
Las callecitas desparejas y empedradas están todas bien señalizadas,
pero no te preocupes por eso,
perderse en este lugar donde el tiempo parece haberse olvidado de pasar,
es un placer…

Ademas de recibir los cientos y cientos de turistas que disfrutan este barrio cada día,
las paredes centenarias y coloridas,
 donde la historia se cuelga de cada ladrillo
refugian también a residentes fijos…
La simplicidad de algunas de las casas,
sus puertas,
las macetas que explotan de vegetación super cuidada…

y las ventanas con la ropa secándose al sol
dan muestra de ello…

Le Panier se erige orgulloso contra  la ladera
que lo separa de la rica y bella  Marsella…
Le da la espalda a los restaurantes famosos de la Costanera,
no le presta mucha atención a los costosos yates que se ven en el Puerto
y hace oídos sordos al bullicio de una ciudad pujante,
Mientras bajamos las escaleras hasta llegar al cafecito del final de la calle,
este antiguo barrio me hace pensar que ciertas cosas,
por suerte no son efímeras,
fueron hechas para durar para siempre….
tienen la misión de sobrevivirnos a todos.
El paseo por Le Panier es un regalo a los sentidos,
y yo,
estuve alli…

Feliz semana!