Una o dos tardes lluviosas

La clase de Labores no contaba con nuestro respeto y la seriedad necesaria que los maestros demandaban y esperaban…

Era más bien la hora en la que más lío probablemente hacíamos pero de alguna manera u otra, nuestra maestra hizo que apendiéramos algunas cosas…

 

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Lo que hoy me hace pensar seriamente que aquella mujer, de quien no puedo recordar el nombre, era sinceramente extraordinaria.

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Con ella aprendimos de todo:

Bordábamos sin saber que aprendíamos Bordado Mexicano, nos hacíamos la cartera con los jeans rotos sin saber que estábamos reciclando, teñíamos sin saber que era Shibori y hacíamos macramé sin saber que algún día aprenderíamos sobre el Estilo Boho.

En esas clases de Labores, entre la paciencia de una buena maestra y la maravilla de ser joven y aprender sin saber que estás aprendiendo, muchas conocimos todas éstas técnicas que practicamos hoy.

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 Por suerte todo vuelve:

 quién hubiera dicho que iba a usar plataformas de nuevo o que en una tarde lluviosa y fría volvería a hacer macramé?

Creo que ni siquiera nuestra maestra lo imaginó…o sí?

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Ojalá volvieran las clases manuales en todas las escuelas.

Todos sabemos que sus  beneficios en el aprendizaje de matemáticas y lengua son innegables.

El hecho que desarrollan la creatividad y son fundamentales en la formación de la estima y el orgullo propio está más que demostrado. Pero si todo eso no suena importante y fundamental, las clases de Labores deberían  volver a todas las escuelas simplemente porque después de todo…

qué chico no tendrá que padecer una o dos tardes lluviosas en su vida?

Un buen maestro afecta la eternidad. Es imposible  decir donde se detiene su influencia” ~Henry Brook Adams~

MARCELA CAVAGLIERI LOGO-01 (1)